Cuando una plataforma o un despacho te pide "tus accesos del SAT", vale la pena preguntar: ¿cuáles exactamente? Porque no todos los accesos son iguales, y la diferencia importa mucho.
La contraseña (antes CIEC): acceso de lectura
Tu contraseña del SAT — RFC + contraseña — sirve principalmente para consultar: entrar al portal, descargar tus CFDIs emitidos y recibidos, ver tu constancia de situación fiscal, revisar tu buzón tributario.
Con ella, un tercero puede ver tu información fiscal, pero hay una frontera clara: la contraseña no firma. No se pueden presentar ciertos trámites críticos, ni firmar contratos, ni generar sellos digitales con ella.
La e.firma (antes FIEL): tu firma legal
La e.firma es otra cosa: es un certificado digital que equivale a tu firma autógrafa. Con ella se firman declaraciones, se presentan trámites formales, se generan sellos para facturar, se firman documentos con validez legal plena.
Quien tiene tu e.firma puede, para efectos prácticos, actuar como tú
ante la autoridad. Por eso los archivos .cer y .key con su contraseña
son de lo más delicado que tiene tu empresa.
La regla práctica
| Acceso | Qué permite | Riesgo si lo compartes |
|---|---|---|
| Contraseña (CIEC) | Consultar y descargar tu información | Alguien puede ver tus datos |
| e.firma | Firmar, declarar, tramitar | Alguien puede actuar por ti |
De ahí una regla simple para evaluar cualquier plataforma o servicio:
- Si el servicio solo necesita leer tu información (descargar CFDIs, mostrarte tus números), debería bastarle tu contraseña. Desconfía de quien te pide la e.firma para algo que es solo consulta.
- Tu e.firma entrégala únicamente a quien de verdad firma cosas por ti — y con un acuerdo claro de resguardo.
Cómo lo hace Paccioli
Paccioli se conecta a tu información del SAT con tu RFC y tu contraseña — no pedimos tu e.firma. Es acceso de solo lectura: tus CFDIs entran a tu dashboard en tiempo real, y nadie puede facturar, firmar ni presentar nada en tu nombre. Ver tus números no debería requerir entregar tu firma.